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El enemigo está dentro de las puertas
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“Insisto en que no aceptemos nada que provenga de los
griegos” –exclamó Laocoonte.
"De igual manera pienso yo" –respondió Casandra.
"Durante diez
años Troya ha resistido heroicamente los ataques griegos. Hasta ahora no han
escatimado esfuerzos para quebrantar nuestro espíritu de lucha. Su
paciencia está al borde del colapso. ¿cómo es que ahora deciden hacernos un
obsequio en forma de caballo? ¿Desde cuándo los griegos premian a sus
enemigos con regalos tan costosos? ¿No os parece todo esto muy sospechoso?"
Hubo silencio absoluto en la sala. Los argumentos de Laocoote y Casandra eran dignos de la mayor consideración. La evidencia histórica así lo recomendaba y por momentos así ocurrió, hasta que Sinón, un griego que se fingía fugitivo, intervino:
- El obsequio se hace en honor a la diosa Atenea y hará de Troya una ciudad inexpugnable, mucho más de lo que ha sido durantes todos estos años. Las palabras de Sinón habían golpeado en el lugar exacto: el orgullo troyano, fortalecido por diez años exitosos de heroica resistencia. El caballo de madera, obra maestra el carpintero Epeio, sería aceptado. Y en cuestión de horas, el obsequio fue introducido en la ciudad, mientras los soldados griegos se retiraban a la cercana ciudad de Ténedos.
El resto de la historia es conocido. Los soldados griegos, ocultos dentro del gigantesco caballo, salieron oportunamente de su escondite, abrieron las puertas de la ciudad desde dentro y los troyanos sucumbieron a la furia, por tanto tiempo contenida, de sus archienemigos.
La forma singular en que cayó la ahsta entonces inexpugnable ciudad de Troya ilustra, como probablemente ningúin otro acontecimiento histórico lo puede hacer, una gran verdad espiritual: el enemigo de las almas no puede entrar en nuestra mente a menos que nosotros mismos le abramos la puerta… desde dentro. Leamos:
Según lo anterior, la tentación no es pecado. Este se produce solo cuando consentimos. ¿Qué significa consentir? Veamos.
Uno de los aspectos que debemos tener en cuenta en la lucha contra el pecado es que iniciamos estando en seria desventaja, pues nuestra naturaleza humana, lejos de rehuirlo, se inclina hacia el mal. Esto, de por sí, determina que el consentir a la tentación no nos resulte nada difícil (más bien, todo lo contrario).
Según Santiago, somos atraídos y seducidos por la tentación porque hay concupiscencia en nosotros (Santiago 1:14,15). Si permitimos que el estímulo externo se “entretenga” en la mente, si coquetamos con el mal, “los males de afuera despertarán males de adentro”, Es decir, la concupiscencia concebirá y, una vez que “ha concebido, produce pecado” (Santiago 1:15).
Precisamente por el hecho de que la maldad está en nosotros (ver Romanos 7:18-21) se nos exhorta rigurosamente a involucrarnos en una verdadera batalla. ¿En qué consiste esta lid? Si pudiera expresarse en un solo versículo bíblico, escogeríamos uno del sabio Salomón:
"Por encima de todo, guarda tu corazón, porque es la fuente de la vida” (Proverbios 4:23).
Ya sabemos que ‘corazón’ aquí equivale a “mente”. La lucha de la cual venimos hablando es un conflicto de naturaleza espiritual, que tiene como escenario la mente humana, y que parece librarse en términos de qué clase de material está llegando allí, a través de las avenidas del alma (los sentidos). Puestas las cosas de esta manera, es más fácil ahora entender qué significa “consentir”: a tu mente o la mía llegará solo lo que permitamos o autoricemos que llegue. Ya vimos que ni todas las huestes del diablo juntas pueden hacernos daño, a menos que le abramos la puerta.
Estamos hablando, entonces, de control; de algo así como control de calidad, del tipo que recomienda Pablo:
"Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honrable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en eso pensad” (Filipenses 4:8).
Según lo anterior, consentir equivale , pues, a no controlar. El milenario conflicto entre el bien y el mal consiste en que cada ser humano, haciendo uso de su libertad de elección, escoja voluntariamente la clase de pensamientos que ocupará su mente., Esto, a su vez, lo colocará bajo el patrocinio de uno de los dos poderes que contienden por la soberanía de este mundo, cal como lo expresa el siguiente pensamiento:
“Entregamos nuestras mentes al control de Dios o al control de los poderes de las
tinieblas; y será bueno que nos preguntemos dónde estamos parados hoy”.
¡Muy cierto! Dicho de forma breve:
1. Controlamos o no lo que entra a la mente.
2. Esta decisión, a su vez,. Determina quién nos controla (Cristo o Satanás).
3. Cada cual debe preguntarse “dónde está parado hoy”, de parte de quién soy.
¿Cómo saber “dónde estamos parados hoy”? Todo depende, insistimos, de cuán bien estemos guardando el corazón, “porque es la fuente de la vida” (Proverbios 4:23 úp).
La única seguridad para el alma consiste en pensar bien, pues acerca del hombre se nos dice: “Cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7).
¿Te has dado cuenta de lo que acaba de leer? Te invito a volver sobre la cita anterior, por si no te has percatado de lo que dice en ella…
¿Cuál es nuestra única seguridad para el alma? Probablemente no es lo que habías pensado hasta ahora. En la lucha sin cuartel que se libra en tre el bien y el mal, la única seguridad para el alma consiste en pensar correctamente. ¿La razón? Somos lo que pensamos. En palabras de Norval Pease: “Tus acciones pueden no ser tú… Tus palabras pueden no ser tú.. tu reputación puede no ser tú… ¡tus pensamientos son tú!”
Dicho de otra manera:
Tú no eres lo que crees ser, sino que eres lo que piensas
A continuación, encontrarás algunas de las leyes que gobiernan el funcionamiento de la mente. En relación con el citado control, ellas determinan cómo pensamos. Recordemos que “la única seguridad para el alma consiste en pensar correctamente”. Tenemos que usar todos los medios que Dios ha puesto en nuestro alcance para el gobierno de los pensamientos y su cultivo.
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Antes de proceder a analizar cómo podemos vencer la tentación, detengámonos por un momento para esclarecer la diferencia básica entre prueba y tentación.
Alguna vez nos hemos hecho la pregunta: ¿Será esta situación una prueba o una tentación? Y entonces comienzan una serie de preguntas mas: ¿Qué es una prueba? ¿Qué es una tentación? ¿Será que Dios nos tienta? ¿Será el Diablos el que lo hace? ¿Quién nos prueba?..... Y seguramente habrá mas preguntas y dudas…
La gema no puede ser tallada sin fricción.
Esto quiere decir que
Dios no
tienta, por el contrario el prueba los corazones. Entonces bajo este
concepto ¿Cuál es tu prueba? ¿Sabes que después de la tempestad viene la
calma? Y que si Dios ha permitido que pases por X situación, es porque algo
bueno puedes o debes aprender de él. Porque nada ocurre así por así, sino
que por un motivo específico suceden las cosas.
Tampoco puede un hombre ser perfeccionado sin pruebas
Por medio de la frase anterior podemos percibir, que la única forma en que
aprendemos a crecer como persona, es por medio de las pruebas. Ahora bien,
hay que saber distinguir y no confundir prueba con tentación, porque
las
pruebas son para fortalecerte, mientras que la tentación para destruirte,
por lo tanto cuando alguno es tentado, no diga que es
tentado por parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni
Él tienta a nadie (Santiago 1:3).
"Velad y orad, para que no entréis en tentación", Mat. 26:41
Analicemos las siguientes tres ideas ilustrativas:
Como acabamos de ver en el apartado anterior, "cuando alguno es tentado, no diga que es tentado por parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni Él tienta a nadie" (Santiago 1:3). Entonces, si es el diablo el gran tentador, ¿quién le tienta a él? La respuesta a esta pregunta es que él mismo se tienta para tentarnos. Tiene tendencias a hacer el mal siempre que pueda y lo aprovecha rugiendo como un león, porque sabe que le queda poco tiempo.
Se trate de pruebas o de tentaciones, como fieles seguidores de Cristo, nuestro deber es vivir una vida recta e íntegra, a la luz del día, demostrando que "todo lo podemos en Cristo, que nos fortalece" (Filipenses 4:13).
1. Al igual que la historia de Job, somos un espectáculo delante del Universo entero:
2. Además, en su amor y misericordia, permite que soportemos pruebas para fortalecer-como oro refinado por el fuego - nuestro carácter, lo único que nos llevaremos con nosotros en la Nueva Tierra:
3. Otro beneficio de las adversidades es que nos hace muy valiosos para los demás, para el momento en que ellos sufran esas adversidades también:
Pero siempre contamos con sus innumerables promesas de amor:
Lee este último versículo una vez más, memorízalo y acuérdate de él cada vez que te sientas tentado:
"No os ha tomado tentación, sino humana: mas fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar; antes dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis aguantar." (1 Corintios 10:13)
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LAS LEYES DE LA MENTE
De acuerdo con el diccionario Webster, una ley es una “declaración relativa al orden de los fenómenos que, hasta donde se conoce, es invariable bajo las condiciones dadas”
Según esta definición, una ley de la naturaleza operará indefectiblemente, con o sin nuestro consentimiento, cada vez que las condiciones requeridas se combinen. ¡Cuán importante, es, entonces, que conozcamos cuáles son las leyes que gobiernan el funcionamiento de nuestra mente, puesto que “todas nuestras acciones, buenas o malas, tienen su origen en ella”!
He aquí, pues, algunas de estas leyes:
Enunciada en forma sencilla, esta le establece que llegamos a asemejarnos a aquello que más amamos:
Esta fue, podríamos decir, la ley que operó en la experiencia de Israel en Sitim (Núm 25:1-5): “..ellos entraron a Baal Peor, se apartaron para su vergüenza, y se volvieron abominables como aquello que amaron” (Oseas 9:10; destacado añadido).
De esta ley, aunque no con este nombre, también escribió Pablo:
“Por tanto,
nosotros, todos, al contemplar con el rostro descubierto, como en
un espejo, la gloria del Señor,
nos vamos transformando a su misma imagen,
con la creciente gloria que viene del
Señor, que es el Espíritu” (2 Corintios 3:18).
Dicho de otra manera, por la contemplación somos transformados, sea para mal (la experiencia de Israel en Baal Peor), o para bien (la experiencia del que contempla la gloria del Señor, como fue el caso del apóstol Juan).
¿Qué utilidad tiene en la vida práctica la ley de la contemplación? Mucha. Si, tal como hemos leído, la mente, de manera gradual, s transforma a la semejanza del material del cual se nutre, ¿no deberíamos ser más cuidadosos, por ejemplo, con los programas de televisión que vemos, la música que escuchamos, os libros o revistas que leemos, las conversaciones que a menudo sostenemos, los lugares que frecuentamos…? ¿En qué o quién pensamos más? ¿De qué o quién hablamos más?
Las respuestas sinceras a estas preguntas nos darán una idea más o menos aproximada de la clase de material que más contemplan nuestros sentidos y ,.como consecuencia de ello, a semejanza de qué se está transformando nuestra mente. Un consejo:
“Sería buen que cada día dedicásemos una hora de reflexión a la contemplación de la vida de Cristo. Deberíamos tomarlo punto por punto y dejar que la imaginación se posesione de cada escena. Fijémonos los ojos en nuestro Señor, Jesucristo, y contemplándolo, nos transformaremos”.
“El consentimiento se iguala a las cosas con las cuales se familiariza. […] La inteligencia se adapta gradualmente a los asuntos en que se ocupa”
Básicamente, esta ley expresa que la mente adquirirá las características de los objetos en los que concentra su atención de manera preferente.
“Es una ley de la mente que esta
se estrecha o amplíe según las dimensiones de las
cosas con que llega a familiarizarse […]"
“El estudiante
que, en lugar de los amplios principios de la Palabra de Dios, acepte
ideas comunes y permita que el
tiempo y la atención sean absorbidos por temas
comunes y triviales, encontrará
que su mente se empequeñece y debilita. Ha perdido el
poder de crecer”.
La mente humana fue creada para grandes y nobles realizaciones, Hacemos honor a este propósito cuando aplicamos su potencial a la consideración de temas profundos, de problemas que demandan el concurso de nuestras mejores facultades. En este sentido, no tiene rival todo lo que atañe al plan de la salvación, ese misterio de la piedad del cual escribe Pablo a Timoteo:
“Dios fue
manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto por los ángeles,
predicado a los gentiles,
creído en el mundo, recibido en gloria”. (1 Timoteo 3:16).
Por el contrario, deshonramos a dios y rebajamos la dignidad humana, corona y orgullo de la creación, cuando permitimos que los poderes de la mente se espacien en asuntos triviales., Por citar solo algún ejemplo entre muchos, ¿podemos imaginar el daño que hacemos a nuestra mente a consecuencia de las muchas horas dedicadas a una programación televisiva pobre en contenido, como el caso de las telenovelas, los reality shows, etc?
La otra opción también está a tu disposición: el apasionante mundo de las Escrituras, el inagotable libro de la naturaleza, con su ilimitada variedad de misterios, flora y fauna; la lectura de edificantes libros (sobre historia, ciencia y tecnología, biografías de grandes hombres y mujeres, naturaleza, familia, comunicación, etc); el desarrollo de habilidades manuales, la visita de lugares históricos y museos, la dedicación a proyectos de investigación, ele ejercicio físico…. y para de contar.
Tal y como su nombre indica, esta ley destaca la singular propiedad que tiene la mente de desistir de un deseo que se le niegue firmemente y acostumbrarse a otro que se use como alternativa. Es interesante notar dos aspectos de esta propiedad mental:
En realidad, más que dos aspectos, se trata de dos caras de la misma moneda. Vamos a ilustrarlo. Supongamos que hay algo malo que deseas hacer (por ejemplo, mirar o leer material obsceno). Si ya lo has hecho con frecuencia, el deseo de hacerlo nuevamente será, con toda seguridad, mayor esta vez (una especie de adicción química a nivel del cerebro).
Cuanto la tentación llega con toda su fuerza, la ley del deseo sustituido aconseja por lo menos dos cosas que debes hacer para vencer: una es negarte a ti mismo ese deseo (eso te da la victoria en ese momento – dicen los estudios psicológicos que para que una idea se fije en la mente, uno necesita pensar en ella unos 20 segundos); la otra, buscar una alternativa (esto te asegurará una victoria duradera);
Resumamos: si la tentación viene en forma de material obsceno para ver o leer, niégate firmemente el deseo y búscate una alternativa (haz ejercicio físico, lee algo positivo…) Esta última es vital. Si no se acude a ella, la tendencia será volver sobre la que antes se ha deseado. Presta mucha atención.
Recordemos que “mientras haya esperanzas de obtenerlo, se harán esfuerzos por conseguirlo”. Por otra parte, asegúrate de que la alternativa es de carácter gratificante y ennoblecedor, ya que “los elementos del mal solo pueden ser exterminados por la introducción de un alimento que proporcione un pensamiento sólido y puro”. A medida que la mente maneje con frecuencia material positivo, se irán estableciendo nuevos surcos en el cerebro, cada vez con mayor profundidad; y a la vez, los antiguo (que crearon esa adicción) se desvanecerán por el desuso.

¡Nada más cierto! Dile con frecuencia a un ser querido cuánto le amas, y verás cómo tu amor hacia esa persona aumentará. Habla de fe y tendrás más fe. Comunica optimismo y serás cada vez más optimista. Por supuesto, lo contrario también es cierto. Habla de dudas, pesimismo, desánimo…y verás profundizar en tu vida estos rasgos indeseables de carácter.
Hay una explicación científica detrás de todo eso: las palabras que expresamos no solo revelan lo que hay en la mente, sino que también reaccionan sobre ella (es como el efecto de un bumerán, de la misma manera en que lo lanzas, así vuelve hacia ti). Todo esto viene a confirmar lo que ya antes dijimos en torno a la importancia del control; si controlamos lo que entra a la mente, entonces pensamos bien; a su vez, estos buenos pensamientos generarán buenas palabras (expresiones de ánimo, agradecimiento, fe…), las cuales, por su parte, fortalecerán esos mismos pensamientos, que prepararán el camino para nuevas expresiones de fe , ánimo, …y así sucesivamente.
Se trata, nuevamente de control, que comienza cuando consentimos o no en “abrir la puerta” por la que el enemigo quiere obtener acceso a nuestra esfera mental.
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Para leer más:
- "Ver para creer o creer para ver"
- Una cadena fatal de acontecimientos
- Puedes creerte tus propias mentiras (próximamente)
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