La Santa Escritura – Nuestra Autoridad Suprema

  1. Nosotros enseñamos que la Biblia con sus 66 libros canónicos, 39 libros en El Viejo Testamento y 27 libros en El Nuevo Testamento, es la revelación escrita de Dios para el hombre.
  2. Todos los 66 libros de la Biblia son inspirados por Dios para ser la regla de la fe y la vida. Enseñamos que La Palabra de Dios es verbalmente inspirada en cada palabra (2 Timoteo 3: 16), absolutamente inerrante, infalible, e inspirada por Dios.
  3. La autoridad de la Santa Escritura, por lo cual debe ser creída y obedecida, no depende del testimonio de ningún hombre o iglesia, sino enteramente de Dios, su autor (John 14: 6). Por lo tanto, debe ser recibida porque es la Palabra de Dios. 
  4. Nosotros enseñamos que la Biblia es la única autoridad que sostiene las reglas infalibles para la fe y su práctica (Mateo 5: 18; Juan 17: 17; 1 Corintios 2: 13; Hebreos 4: 12).

La Santa Escritura – Interpretación

  1. La regla infalible para la interpretación de La Escritura es La Escritura misma. Por lo tanto, cuando hay una pregunta acerca de la veracidad y significado completo de cualquier parte en las escrituras, ese significado debe ser buscado y verificado en otros lugares en las Escrituras donde se hable del tema más claramente. 
  2. Nosotros enseñamos que, mientras puede haber varias aplicaciones de un versículo bíblico, solamente hay una interpretación verdadera. El significado de un versículo bíblico se encuentra al aplicar diligentemente el método histórico, literal y gramatical de interpretación por medio de la guía del Espíritu Santo (Juan 16: 12-15; 1 Corintios 2: 7-15).

La Santa Escritura – Suficiencia

  1. Salmo 19: 7-9: (7) La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. (8) Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. (9) El temor de Jehová es limpio, que permanence para siempre; Los juicios de Jehová son verdad, todos justos.”
  2. Nosotros creemos que la Escritura es totalmente suficiente para equipar a un creyente en su vida cristiana. 

Dios

  1. Hay solamente un Dios vivo y verdadero el cual es infinito en su ser y perfección. Él es el espíritu más puro, invisible, sin cuerpo o partes, ni propiedades pasivas. Él es inmutable, sin límites, eterno. Él es todopoderoso, el más sabio, el más santo, el más libre, y el más absoluto. Él trabaja todas las cosas de acuerdo al consejo de su propia y más justa voluntad para su propia gloria. Él es el más amado, cortés, misericordioso, paciente, abundante en benignidad y en verdad. Él es quien perdona la iniquidad, la transgresión, y el pecado. Él es el galardonador de los que le buscan. 
  2. Él es todo suficiente, sin tener necesidad de ninguna de las criaturas que Él ha creado, ni obtener gloria alguna de ellos si no que por el contrario, Él manifiesta su propia gloria la cual no comparte con nadie. 
  3. Él es santísimo en todos sus consejos, en todas sus obras, y en todos sus mandamientos. A Él se le debe toda adoración, servicio, y obediencia requerida por Él de parte de los ángeles, los hombres, y toda criatura creada por Él. 

Dios – Dios Trino

  1. Nosotros creemos que el Dios verdadero existe eternamente en tres personas: Padre, Hijo, y Espíritu Santo – cada uno igualmente merecedor de adoración y obediencia (Mateo 28: 19; 2 Corintios 13: 14).
  2. En la unidad de la Deidad, hay tres personas compuestas de una sola sustancia, poder, y eternidad: Dios Padre, Dios Hijo, y Dios Espíritu Santo. 
  3. El Padre y el Hijo son uno (Juan 10: 30-33).
  4. El Padre y el Espíritu son uno (1 Corintios 3: 16).
  5. El Hijo y el Espíritu son uno (Romanos 8: 9).
  6. El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo son uno (Juan 14: 16-23).

Dios – Padre

  1. Nosotros enseñamos que Dios Padre ordena y dispone todas las cosas de acuerdo a sus propósitos y gracia (Salmo 145: 8-9).
  2. Él es el creador de todas las cosas (Génesis 1: 1-31).
  3. Él es el único Soberano absoluto y omnipotente en el universo. Él es soberano en la creación, providencia, y redención (Romanos 11: 36).
  4. Él es el Padre en su designación dentro de la Trinidad y en su relación con la humanidad.

Dios – Hijo

  1. Nosotros creemos que Jesucristo, la segunda persona de la Trinidad, es igual, consustancial, y eterno juntamente con el Padre (Juan 10: 30; Juan 14: 9).
  2. Él fue concevido por el poder del Espíritu Santo en el vientre de la virgen María y de su sustancia. De esta manera, dos naturalezas: la divina y la humana, perfecta y distinta, fueron unidas juntas de manera inseparable en una sola persona sin ser cambiada, mezclada, o confundida. Esta persona es enteramente Dios y enteramente hombre, el Cristo, el cual es el único mediador entre Dios y los hombres.     
  3. El Señor Jesús, por su obediencia perfecta y sacrificio de sí mismo, satisfizo la justicia de su Padre. Él no solamente compró la reconciliación sino que además, les dió una herencia eterna en el reino de los cielos a aquellos que el Padre le dió a Él.
  4. Nosotros enseñamos que nuestro Señor Jesucristo logró nuestra redención a través del derramamiento de su sangre y su muerte sacrificial en la cruz. Enseñamos que su muerte fue voluntaria, vicaria, sustitutiva, propiciatoria, y redentora (Romanos 3: 24-25; 5; 8).

Dios – Espíritu Santo

  1. Nosotros enseñamos que la obra del Espíritu Santo en este tiempo comenzó en Pentecostés cuando Él vino del Padre como lo prometió Cristo Jesús para edificar el cuerpo de Cristo, su Iglesia (1 Corintios 12: 13; Efesios 4: 12).
  2. Nosotros enseñamos que el Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Trinidad y el Agente sobrenatural y soberano en la regeneración bautizando todos los creyentes en el Cuerpo de Cristo.
  3. El Espíritu Santo también habita, santifica e instruye a los creyentes para el servicio, y los sella hasta el día de la redención.

Justificación – Salvación

  1. Nosotros creemos que la salvación solo proviene de Dios por su gracia, mediante la fe para creer en Jesucristo como el Señor y el Salvador para que Él y solamente Él reciba toda la gloria (Efesios 2; 8 – Principios de Sola Fe, Sola Gracia, Solo Cristo, Sola Escritura, y a Dios sea la Gloria solamente). 
  2. Nosotros creemos que somos salvo solamente por la obra de Cristo y no por ningún mérito humano el cual nunca podrá satisfacer la deuda del pecado.
  3. Nosotros creemos que Cristo es nuestro sustituto quien pagó por nuestra penalidad y logró nuestra justicia. 
  4. Nosotros creemos que la elección es un acto de Dios mediante la cual, antes de la fundación del mundo, Él escogió en Cristo los que Él misericordiosamente regeneraría, salvaría, y santificaría (Romanos 8: 28-30; Efesios 1: 4-11; 2 Timoteo 2: 13).
  5. Nosotros enseñamos que el favor inmerecido de la salvación que Dios le da a pecadores totalmente depravados no está relacionado con ninguna iniciativa por parte de ellos o por la anticipación de Dios por lo que ellos pudieran hacer por cuenta propia, sino que está basado solamente en la gracia soberana y misericordia de Dios.

Santificación

  1. Nosotros creemos que a los que Dios salva, Él los santifica (Romanos 6: 6; 1 Corintios 6: 11; 1 Pedro 1: 2; Juan 17: 19; 1 Juan 1: 9). 
  2. Nosotros creemos que el Espíritu Santo obra en el creyente a través de una santificación progresiva. A través de la obediencia a La Palabra de Dios y el poder del Espíritu Santo, el creyente es capaz de vivir una vida de santidad en ascención en conformidad con la voluntad de Dios viniendo a ser como Jesucristo cada día más (Juan 17: 17; Romanos 6: 1-22; 2 Corintios 3: 18).

Seguridad en la Salvación

  1. Nosotros enseñamos, que todos los redimidos una vez salvos, son guardados por Dios, y por lo tanto, están así asegurados en Cristo para siempre (Juan 5: 24; 6: 37-40; 10: 27-30; Romanos 5: 9-10; 8: 1, 31-39; 1 Corintios 1: 4-8; Efesios 4: 30; Hebreos 7: 25; 13: 5; 1 Pedro 1: 5).

Bautismo

  1. El Bautismo es un mandamiento del Nuevo Testamento, dado por Cristo para que sea un símbolo de comunión con Él en su muerte y resurrección, de la remisión de los pecados, y para caminar en una vida nueva (Mateo 28: 19; Marcos 1: 4; Hechos 22: 16; Romanos 6: 3-5; Colosenses 2: 12).
  2. Solo aquellos que profesan arrepentimeinto para con Dios, fe y obediencia en y al Señor Jesucristo, deben ser bautizados (Marcos 16: 6; Hechos 2: 41; 8: 12, 36-37; 18: 8). 
  3. El elemento externo que debe ser utilizado en esta ordenanza es agua donde la persona es bautizada por inmersión en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.

El Matrimonio

  1. Nosotros enseñamos que el matrimonio es instituído por Dios desde el comienzo de la creación. La palabra “matrimonio” tiene un solo significado el cual es la unión sencilla e inquebrantable de un hombre y una mujer. (Génesis 2: 23-24; Mateo 19: 4-6). 

La Santa Cena

  1. La Santa Cena fue instituída por el Señor Jesús la misma noche que fue traicionado para que fuera observada en Su Iglesia hasta el fin de los días como un recordatorio perpetuo de su cuerpo quebrantado y su sangre derramada como expiación de los pecados de todos los creyentes. Esta es exclusiva para aquellos que se han arrepentido de sus pecados, han aceptado a Cristo como su Señor y Salvador, y han decidido seguirle en obediencia y servicio (1 Corintios 11: 23-26; 10: 16-17, 21).
  2. En esta ordenanza, Cristo no es ofrendado al Padre, ni sacrificio alguno es requerido para la remisión de los pecados de los vivos o los muertos, sino que es la manera de recordar el sacrificio mayor y único que solo Cristo Jesús de una vez y para siempre efectuó en la cruz del calvario (Hebreos 9: 25-28; 1 Corintios 11: 24; Mateo 26: 26-27).

Los Últimos Días

  1. Nosotros enseñamos que la muerte física no involucra la pérdida de nuestra conciencia inmaterial (Apocalipsis 6: 9-11); que el alma del redimido entra inmediatamente a la presencia de Cristo una vez que el cuerpo muere (Lucas 23: 43; Filipenses 1: 23); y que por lo tanto, hay una separación del alma y el cuerpo en ese momento (Filipenses 1: 21-24); y que para el redimido tal separación continuará hasta el día del arrebatamiento cuando el alma y su cuerpo resucitado sean reunidos para ser glorificados para siempre con nuestro Señor (Filipenses 3: 21; 1 Corintios 13: 35-4, 50-54).
  2. Nosotros creemos en la venida personal y física de nuestro Señor Jesucristo antes de los Siete Años de Tribulación (1 Tesalonicenses 4: 16; Tito 2: 13) para llevarse consigo a su Iglesia antes del periodo de la tribulación.
  3. Nosotros enseñamos que inmediatamente seguido al arrebatamiento de la Iglesia de este mundo, el juicio justo de Dios se derramará sobre el mundo de los inconversos (Juan 14: 1-3; 1 Tesalonicenses 4: 13-18; Jeremías 30: 7, Daniel 9: 27; 12: 1; 2 Thesalonicenses 2: 7-12; Apocalipsis 16).
  4. Nosotros enseñamos que después del período de tribulación, Cristo vendrá a este mundo para ocupar el trono de David (Mateo 25: 31; Lucas 1: 31-33, Hechos 1: 10-11) y establecerá su reino mesiánico por 1,000 años literalmente (Apocalipsis 20: 1-7).
  5. Durante este tiempo los santos resucitados reinarán juntamente con Cristo sobre Israel y las demás naciones de la tierra (Ezequiel 37: 21-28; Daniel 7: 17-22; Apocalipsis 19: 11-16).

Eternidad

  1. Nosotros enseñamos que después que se acaben los mil años, los salvos entrarán en un estado de gloria eterno con Dios, y luego esta tierra será disuelta y reemplazada por una tierra nueva donde solo la justicia reinará (2 Pedro 3: 10; Apocalipsis 20: 15; 21: 1-27; 22: 1-21).

Liderazgo de la Iglesia

  1. El punto focal de todo liderazgo en la iglesia son los ancianos. Los ancianos son un grupo de hombres bíblicamente calificados quienes conjuntamente pastorean y supervisan un cuerpo local de creyentes. La palabra “anciano” es usada veinte veces en el libro de los Hechos y las epístolas en referencia a este grupo único de líderes los cuales tienen la responsabilidad de supervisar el pueblo de Dios (Hechos 14: 23; 1 Timoteo 5: 17; Hechos 11: 30; 15: 12; 20: 17; 21: 18).
  2. Varios pasajes en el Nuevo Testamento indican que las palabras “ancianos”(prebusteros), “obispos” (episkopos), y “pastor” (poim en) todas se refieren a la misma oficina. Los obispos y pastores no son diferentes de los ancianos, sino que los términos son simplemente diferentes maneras de identificar a las mismas personas. Los requisitos para los obispos (episkopos) en 1 Timoteo 3: 1-7, y los de ancianos(prebusteros) en Tito 1: 6-9 son inconfundiblemente paralelos. De hecho, en Tito 1, Pablo usa ambos términos para referirse a la misma persona (prebusteros en el versículo 5 y episkopos en el versículo 7). Los tres términos se usan indistintamente en Hechos 20.
  3. Los requisitos para los ancianos se encuentran en 1 Timoteo 3: 2-7 y en Tito 1: 6-8. De acuerdo a estos passages, un anciano debe ser “irrepensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tengaasus hijos en sujeción con toda honestidad, no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es necesario que tenga un buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo.”   
  4.  La responsabilidad primaria de un anciano es servir como administrador y vigilante de la iglesia (1 Timoteo 3: 5). Esto involucra una serie de deberes específicos. Como supervisores espirituales del rebaño de Dios, los ancianos tienen que determinar la política de la iglesia (Hechos 15: 22), supervisar la iglesia (Hechos 20: 28), ordenar a otros (1 Timoteo 4: 4), gobernar, enseñar, y predicar (1 Timoteo 5: 17; 1 Tesalonicenses 5: 12; 1 Timoteo 3: 2), exhortar y refutar (Tito 1: 9), y actuar como pastores sirviendo de ejemplo a los demás (1 Pedro 5: 1-3). Esas responsabilidades ponen a los ancianos en el centro del trabajo de la iglesia en el Nuevo Testamento. 

La Membresía de la Iglesia

    1. Ser miembro de una iglesia es comprometerse formalmente con un cuerpo local de creyentes que se han unido con propósitos divinos ordenados específicamente. Estos propósitos incluyen recibir instrucción de la Palabra de Dios (1 Timoteo 4: 13; 2 Timoteo 4: 2), sirviéndose y edificándose los unos a los otros a través del uso apropiado de los dones espirituales (Romanos 12: 3-8; 1 Corintios 12: 4-31; 1 Pedro 4: 10-11), participando de las ordenanzas (Lucas 22: 19; Hechos 2: 38-42), y proclamando el evangelio a aquellos que están perdidos (Mateo 28: 18-20). Además, cuando alguien se hace miembro de una iglesia, esa persona se somete al cuidado y autoridad de los ancianos bíblicamente calificados que Dios ha puesto en esa asamblea.

    2. En el libro de los Hechos, la mayoría de la terminología encaja solamente con el concepto de la membresía formal de la iglesia. Frases tales como: “toda la multitud” (6: 5), “la iglesia que estaba en Jerusalén” (8: 1), and “los discípulos” (9: 26), “y constituyeron ancianos en cada iglesia” (14: 23), “hizo llamar los ancianos de la iglesia” (20: 17). Todo esto sugiere una membresía en la iglesia reconocible con posiciones bien definidas.

 

La Disciplina de la Iglesia

    1. En Mateo 18: 15-17, Jesús subraya la manera que la iglesia debe buscar la restauración del creyente que ha caído en pecado – un proceso de cuatro pasos comúnmente conocido como la disciplina de la iglesia. Primero, cuando un creyente peca contra un hermno, debe ser confrontado en privado por elotro creyente (v. 15). Si él rehusa arrepentirse, este creyente debe buscar a otros dos creyentes como testigos y confrontar nuevamente a la persona que ha pecado (v. 16). Si el hermano pecador rehusa escuchar a estos creyentes otra vez, entonces estos creyentes deben llevar el caso delante de toda la iglesia (v. 17). Y si aún no hay arrepentimiento, el paso final es sacar a la persona de la asamblea.